martes, 11 de septiembre de 2012

BOSS: Satan, your kingdom must come down


La política siempre ha tenido un lugar destacado en la gran pantalla y, últimamente, también en las televisiones de medio mundo.

Por el Despacho Oval
han desfilado presidentes de ficción para todos los gustos, desde Jed Bartlet (Martin Sheen) en ‘El Ala Oeste de la Casa Blanca’, hasta la presidenta Mackenzie Allen (Geena Davis) en ‘Señora Presidenta’ . 

Próximamente lo hará Bill Pullman como el presidente Dale Gilchrist en la comedia ‘1600 Penn’, prevista para este otoño en EEUU. Más allá de la Casa Blanca encontramos a Sigourney Weaver como ex Primera Dama y actual Secretaria de Estado en la serie ‘Political Animals’

‘Spin City’, la ‘loca alcaldía’ de Nueva York, y la aplaudidísima ‘The Wire’, en Baltimore, son sólo algunos ejemplos de lo mucho que puede atraer al público los avatares de unos cuantos encorbatados y su círculo de asesores. 

BOSS ES TODO ESO Y MÁS

Boss’  es todo eso y más. Los amantes de la política encontrarán en esta serie de cuidada factura un hontanar de primeros planos y guiones agresivos, capaces de superar las mejores secuencias de míticos largometrajes políticos. El espectador puede atisbar sin pudor lo que ocurre en los despachos consistoriales de una gran urbe americana. 


Ficción, gracias a Dios, la serie mimada de la cadena Starz cuenta las intrigas que rodean a Tom Kane (Kelsey Grammer), el codicioso alcalde de Chicago que gobierna la ciudad del viento sin importarle nada más que la reelección.

Los daños colaterales que sus decisiones provocan en su familia y en los habitantes de Chicago son para él  un precio tolerable en su carrera política. Una trayectoria brillante que se ve amenazada cuando le diagnostican una enfermedad degenerativa irreversible que sólo él y su médico conocen.

Ni su esposa ni su hija, con las que mantiene una relación fría y simulada de cara a los votantes, ni tampoco sus asesores y, por supuesto, sus adversarios políticos, están al tanto de su dolencia. Sólo un aguerrido periodista tiene la mosca detrás de la oreja, pero el reportero tendrá que luchar también contra los intereses editoriales de su periódico y toda la red de influencias del propio Kane. 

La primera temporada supuso un Globo de Oro al mejor actor para Kelsey Grammer, que regresó de este modo a la cima televisiva en la que se había mantenido casi dos décadas gracias a su personaje de Frasier Crane en las comedias ‘Cheers’ y ‘Frasier’. Un galardón más valioso que nunca para un actor acostumbrado a la comedia, que ha podido saborear por fin las mieles del éxito que conlleva un drama político como ‘Boss’.

Un cambio de registro al alcance de muy pocos, más aún habiéndose tambaleado recientemente entre varios proyectos fallidos, después de toda una vida de reconocimientos. 

 ‘Boss’ llega este otoño a España a través de Canal Plus. Un canal de pago que se presume acertado para emitir una serie que en Estados Unidos la emite Starz, canal premium por cable, lo que supone de entrada un público minoritario. 

Pero es que la audiencia de ‘Boss’ busca a ‘Boss’ y no a la inversa. A cambio la serie obtiene una fidelidad a prueba de balas. Todo en ‘Boss’ es delicatessen. El guión, las interpretaciones, la música, los planos, el vestuario, el episodio piloto dirigido por Gus Van Sant, hasta la cabecera entonada por Robert Plant

Una cabecera, Satan your kingdom must come down, que tal vez no sea sino una sutil profecía para una audiencia selecta.

Escrito por: Isabel Aguilar ( @isabelsalzach )


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